En mis claustros hay una paz que es sólo mía.Con ella, el alma late cruzando la vena líquida del tiempo. *Andros
lunes, 19 de marzo de 2012
El valor de lo imposible
Traías la mirada colgada a un imposible,
la voz callada, sin respuesta,
calzando tus ausencias a lo largo de las sienes.
Ni el azul del mar, ni su brisa calma
conseguían alejar tu pensamiento
de la impenetrable niebla que envolvía
los muros de hormigón de tu jardín cerrado.
No, ni el mar, ni su brisa,
ni tampoco la cálida ternura de unos besos
podían intuir el destierro de tus vuelos.
Todo tu ser era el reflejo helado de la nieve,
del ciego desencanto,
y tus manos, tus manos eran dos guijarros
incrustados en los amargos huecos de una herida
esmaltada por el añil de la tristeza.
Me pareciste agua que mueve molino
y nunca vuelve
porque mi encendido abrazo fue perdiendo su calor
como se pierden los caprichos
cuando ruedan sus vanos sueños
por las grasientas espumas de una sucia alcantarilla.
Y tus alas, vacías de efusión,
abrieron el crisol de sus helechos
como vientos sin ecos
sin otra voluntad que ocultar sus bambalinas.
Sólo yo y el reposo de las rocas
atestiguan la sal que confunde tu memoria.
*Andros
domingo, 18 de marzo de 2012
viernes, 16 de marzo de 2012
Sólo el amor abre la mano
Cómo puede el pensamiento alcanzar su plenitud,
deshojar la invisible voz de su conciencia
si en el cóncavo azimut de los costados
sólo laten cerrojos de silencio.
Las ansias amarillas del recuerdo enajenado,
tanto tiempo invernadas en las sienes,
enhebran azogados collares de mercurio
despertando en el flujo vertical de las palabras
el aspecto febril de su rostro demudado.
Sólo el amor,
cálido elixir de melódica dulzura,
con su atávico léxico de fusas y corcheas
podrá regenerar desde el verde de su rama
el oscuro cauce de las sombras.
Sólo así,
lejos del vértigo espinoso que a callar invita,
el alma se libera del nudo que ahoga su garganta
y el verso se vacía por el hueco de la mano.
*Andros
El peso de los mitos
Esclavo de pecados capitales,
agitado en un río sin espejos,
he sentido la voz del abandono
en el cráter vacío de los ecos.
Por eso, inquilino de la niebla,
busqué tus manos entre mis adarves
en el sitio donde crecen los sueños,
allá donde las lunas de marfil
cristalizan la piel de sus armiños.
En mi rostro brillaban las estrías
como si un látigo desgavillado
hubiera disparado su calima.
Y tú, estabas allí como siempre,
sin mirarte, asomada al cielo,
con el labio buscando la otra orilla,
muy feliz, dibujando escalofríos.
Ahora, repasando la memoria
esmaltada de blandos arambeles
nos sacude su aliento el viejo mito:
Somos cantos rodados oscilantes
sobre lechos de arenas movedizas.
*Andros
jueves, 15 de marzo de 2012
Hierve la verdad
Atrás dejé olvidados los inviernos
con sus noches de insomnio
y sus aires de roca
obstinado en volver hacia el refugio
por las cerradas curvas de las sombras.
Con los ojos arañando el horizonte
he sacado a pasear
la voz de la palabra,
cansada de habitar abandonada
en los ocres espejos de la frente.
Ahora voy con el tesón al hombro
vertiendo de mi cáliz rebosante
las hambres del paisaje,
el llanto ceniciento de los hombres,
y el frío del silencio
para afirmar la rótula volátil
que articula en el verso su esqueleto.
Cierto es lo que se dice:
Al final de la ruta
no se escuchan los ecos de las horas
ni el aliento frustrado de los vuelos,
sólo hierve el color de la verdad
vistiendo las palabras.
Por eso mis afanes
agitan sus bridas de libertad
tras las voces llovidas de ternura.
*Andros
El poder de la palabra
La lluvia de palabras amorosas
que le llegan florecidas
al rastrojo de mi nublada frente,
siembra luz azulada de pasiones
sobre el alcázar cautivo del instinto.
Se rompen las barreras del silencio
y se encienden los lívidos reflejos
a pesar del rigor de la anestesia
que les empuja a las fauces del olvido.
Sólo quedan en mí las cenizas
apagadas de una absurda rebeldía,
de una cerrazón impenitente
convertida en isla marginada
carente de color y de esperanza.
Pero este clamor indescriptible,
como un redoble callado de timbales,
acaricia sin la más mínima tregua
las paredes de este corazón de mármol
tanto tiempo abrazado a las espinas.
¡Qué gran poder tiene la palabra
si se teje de amor universal!
*Andros
miércoles, 14 de marzo de 2012
El tiempo y su huella
Aunque el tiempo sacuda tu perfil
con surcos que te agrieten las arenas,
las bellas esmeraldas que te adornan
brillarán más allá de sus fronteras,
inmutables, hurtando tu reposo.
La fuerza de tu imagen no prescribe,
se muestra insobornable como estatua
que sustancia su beldad con el grito
sumiso que evidencia su silencio.
Envuelta tu presencia entre la niebla,
en vigilia la luz de tus deseos
y caduco el almíbar de tu vientre,
las huellas que el paso de los años
impriman en tu verde geografía
pulirán tus centros, tus esquinas,
hasta alcanzar dueña de ti
el cansado rumor de la otra orilla.
Y ya no habrá granito en tu paisaje:
Sólo una flor de luz entre tus labios.
*Andros
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