martes, 31 de diciembre de 2013

Nada te falta

     
Completa.Así te veo, como puzzle
de piezas encajadas sin incógnita.

Las aristas de tu esbelta geometría
son esquinas excitantes
donde se roza la pasión del sentimiento.

Nada te falta, pues hasta los pliegues
que ocultan tus tímidos deseos
son señuelos que incitan a ponderar
el valor de tu infinita dimensión.

Profunda en el sentir e inimitable
al darte, ofreces siempre lo mejor de ti
con la gracia palpitante de tu risa
que rindió su fruto madurado
llegándose hasta mí para colmarme.

Como una noche estrellada de abril
envuelta de azahares y luna llena,
buscas en ti misma ser espejo
que emane sin cesar el hondo latido
de ternura forjado en tus adentros.

Así te siento, asomada a mi paisaje
como tronco de roble vigoroso
donde anida toda la fuerza
que me ofreces generosa cada vez
que negros desacordes me conciertan.

Y si acaso tu dulzura encuentra
la caricia vacía de mis manos,
jamás se tuerce el gesto en tu mirada
porque llevas pintada sobre el rostro
la luz multicolor de las vidrieras.

Es por eso,
                   amor,
                              que nada te falta.

*Andros

No caben las palabras

     
Hay ojos que al llorar parecen fuentes,
manos que sudan espinas de martirio,
mensajes de plumas negras
clavando sus afiladas uñas en las grietas del costado.

La pena, con olor a azufre,
azota la carne temblorosa
y el corazón anegado entre suspiros
extiende su sombra de ciprés sobre la sangre yerma.

El alma, siempre abierta,
rueda en su amargura por delante de la vida,
y aunque no le cabe la palabra
siembra voz de fuego sanando cicatrices
en el campo donde crecen las estrellas.

Es entonces cuando vuelan besos de paloma
en sueños de profundos aleteos.

*Andros

domingo, 29 de diciembre de 2013

Musa triunfal

     
Oculta entre las sombras, silenciosa
como flor que renace en primavera,
la musa que da vida al verso espera
vestirlo con su magia prodigiosa.

De su mano la piedra será rosa,
y la verde rama será la hoguera
que encienda la palabra, prisionera
del dolor que al poeta tanto acosa.

Al llegarle la luz, lleno de brío
el verbo fluye fácil de la mente
sembrando rayos llenos de alegría.

La pena, el desamor y el desvarío
que latían de modo permanente
olvidaron su cara más sombría.

El tiempo pone término a los males
y el verso nos convierte en inmortales.

*Andros

sábado, 28 de diciembre de 2013

Rebelde sin causa

 
Aunque tu juventud no es la única,
sólo tu participas del silencio
que fecundas en tu pecho
enquistado en el barro de tus poros
con la más inaccesible altanería.

Tu "yo" te dibuja arrugas en la frente
porque vives sin sosiego, en vilo,
tras rugosas cortezas escondido,
germinando con tu huida trashumante
la mudez que angosta el verbo cálido.

Pretendes siempre ser el centro
del círculo que gira.Te parapetas
tras el umbral surrealista de un paisaje
donde brilla el cruel resentimiento.

No contemplas las caídas
por un falso temor a levantarte,
ni aceptas nunca la mano generosa
que te brinda la caricia de sus dedos.

El alma que proclama tu albedrío
es presa fácil de su propia pesadumbre,
-cristal opaco- que no ve más allá
del eco lapidado de tu nombre.

Mas este viento que sopla de costado
no es inmutable.Tu mismo, al tiempo,
cavarás la fosa a tu propia rebeldía
y un alba nueva abrazada a un nuevo vuelo
pulirá las aristas afiladas
del felino que roe tus entrañas.

*Andros

jueves, 26 de diciembre de 2013

La raíz de la belleza

     
Como una escalera vertical sin equilibrio,
con peldaños de vértigo y suspiros,
se despiertan ideas con traje visionario
entre antorchas de fuegos delirantes.

No es verdad que la belleza sea más azul,
que vislumbre su más diáfano lenguaje
cuando éste luce sus mejores galas pleno de cordura.

Desde el fondo de los ojos
simulando navegar por un alba de cristales
a veces se suceden fluyentes miradas de berilo,
que rastrean las insomnes cornisas del zodíaco
dispuestas a bordar con sus bemoles
las notas discordantes del loco pensamiento.

Entonces,
hasta la oculta voz de la palabra se hace táctil,
se alejan las borrascas de mensajes ilegibles,
abiertos caracoles emprenden caravanas fugitivas
en busca de una meta sin luceros ni horizontes,
y hasta el lento discurrir de la sangre por las venas
escucha su propio galopar en la distancia.

No siempre el soliloquio se teje en un glaciar enajenado
ni el júbilo procaz es premisa del desequilibrio de la mente.

Sabed todos que el pulso luminoso de lo abstracto
acaricia el silogismo, si en su frente mana la ternura.

*Andros

miércoles, 25 de diciembre de 2013

De arriba a abajo


Arriba,
la memoria luce nácar en sedas transparentes;
abajo,
la soledad arrastra el llanto nebuloso de los ojos
hasta la cuna helada de las manos.

Se escapan suspiros en caída libre
sobre los hondos silencios de la tarde
mientras tímidos ladridos de cuernos afilados
estallan sobre el puente de las sienes
para despertar la pena que latía en el olvido.

Qué angustia se desborda cuando silba la noche,
cuando rueda por la frente el sabor de la derrota;
parece que la sangre discurre en un glaciar
arañando con su lengua el cauce de las venas.

Y aunque un miedo felino clave sus zarpas en el pecho,
las ansias de volar jamás podrán frenarse:
Siempre habrá un beso que cuelgue de los labios
como bálsamo de amor donde sanen las heridas.

Arriba y abajo,
memoria y soledad en fraternal connivencia
danzando locamente sin descanso
sobre el tapiz donde se desangran los silencios.

*Andros

martes, 24 de diciembre de 2013

Si vienes a mí

     
Si a mí te llegas, si por mí suspiras,
te seguiré paso a paso toda la vida.

Si en tu pecho renace nueva flor
-símbolo del amor que me tenías-
te mostraré el sentimiento, sin pudor,
que en mi lóbrego corazón dormía.

Y ya no habrá otros ojos para mí
que los tuyos en las noches peregrinas,
cuando tras el cristal, ciego de pasión
y de ternura, mi ser se estremecía.

Tú, sentirás el calor deseado,
disfrutarás de mi verso escandido,
y una lágrima rosada besará
tu mejilla-señal inequívoca-
de la felicidad que llevas dentro.

Si vienes a mí, una caravana de claveles
te hará samaritana de mis sueños.

 *Andros

Letal indiferencia


                       A un gran corazón, ninguna ingratitud lo cierra,
                            ninguna indiferencia lo cansa. 
                                                                       (León Tolstói)

Entre tanto gesto insolidario
no existe mirada más esquiva y lacerante
que la de la muda indiferencia.

Vivir en ese clima de nubes laberínticas
más cerca de la sal que del vino mulso,
donde la soledad harta de describir órbitas vacías
se enrosca en los sarmientos de su sufrida suerte,
es vivir respirando el polvo letal del fatalismo
en la arena incombustible del silencio.

Silencio y soledad, soledad y silencio,
pálidas burbujas de estériles nostalgias,
cadáveres insomnes de soles en medio de la niebla
que atados al recuerdo infecundo de sus noches
desangran la sed de sus espejos indolentes
en el cauce de sus vomitivas gárgolas.

Así camina el hombre tras los talones de la angustia.

Así se desliza por el afilado borde de sus sombras interiores
en un soliloquio permanente de marañas
a la espera de que el límpido lenguaje del amor
le rescate de la fiebre que llaga su declive.

*Andros

lunes, 23 de diciembre de 2013

De razones y sentires

 
Un aire de pasiones y bengalas,
más ardiente que el empeño de las sienes,
emerge del sayal del sentimiento
como un latido blanco de ternura.

La sangre, encendida en pie de guerra,
sacude el surtidor de las esencias
con la voz enturbiada de sus fugas
en una encrucijada de retornos.

Todo parece espejo en el paisaje
donde se arrebatan las soledades,
y hasta el párpado abierto a las ojeras
deshoja su mirada de avestruz
buscando el lago azul de los recuerdos.

Bajo este caracol a la deriva
sellado por la duda en la memoria
brota la luz de la escondida senda,
que recobra sus letras de verdad
desde el pulso de la animada frente.

Se produce un eclipse de rumores,
corolario entre rosas y cipreses:

Los corazones no alcanzan el Cielo
porque la roca es ancla de sus alas.

*Andros

viernes, 20 de diciembre de 2013

Cincuenta limoneros


Vivía pegada a los labios de la tierra
sobre el surco donde brota la fatiga,
la frente descuajada mirando siempre adentro
y en sus manos,
en sus manos el brillo del llanto de una espiga
con olor al pan trasvasado de sus penas.

Sólo tenía cincuenta limoneros
y un racimo de sudores en su cuello polvoriento;
de su boca jamás salió una queja
y en sus ojos,
en sus ojos se leían las sufridas pisadas del desprecio.

El látigo del hombre hurtó su pobre hacienda
amasada con la sangre de sus llagas,
puso vómitos de hiel en su camino
pero ella, sin ánimos de guerra,
lanzó un valiente grito desde su matriz callada
poniendo caro precio a la injusticia.

Su inmenso sacrificio no fue estéril:
Otros hombres, llenos de vergüenza, enmendaron el error
y ella volvió a beber del zumo parido por la tierra.

*Andros

martes, 17 de diciembre de 2013

Halcones amarillos

 
La extremidad que martiriza al orbe
suele ser madriguera de sabuesos.

Inhóspito paisaje, honda ciénaga,
burdas añagazas que propenden
la vuelta al amarillo,
visiones calcinadas
que el hombre libre con razón disiente.

Subido en el tren del latrocinio,
rodeado de sables y cuchillos,
sobrevuela el halcón
refugiado en el son de un clavicordio
con la ley afilada entre las garras.

En el miedo, el llanto y la agonía
posa su efigie el hombre arrodillado
que despojado de su voluntad
se diluye entre blancas utopías.

No es estéril el arduo sacrificio
cuando éste se acompaña
de la voz que libera su mensaje
con sangre de poema.

Jamás el simulacro, el estallido
que acalla las conciencias
podrá poner sonrisa a un esqueleto.

*Andros

viernes, 13 de diciembre de 2013

Razones de un amor

     
 Me nombras infinito por ser pastor de estrellas,
por brillarme los ojos como espejos
si al mirarte el verso me resbala de la mano
con las notas ardientes
del afecto prendido entre los labios.

Y tal vez te acompañe la razón.

Jamás me sentí huésped del invierno
porque en el pecho me ardieron siempre primaveras,
porque entre anocheceres de calimas y besos
brotaron los asombros
sin que el tiempo abriese la carcoma,
porque en fin paseamos nuestro amor
bajo un techo de blancas claraboyas.

Por eso traducimos los pálpitos calientes
volando como rojas mariposas
ceñidas a sus retos,
por eso en el jardín de los acerbos
donde la existencia clarifica sus celajes
sólo nos crecen rosas sin espinas.

*Andros

lunes, 9 de diciembre de 2013

Las raíces del silencio



La mirada esquiva que se esconde
al amparo de un sórdido silencio
crea un nudo en la garganta
aunque se suelten las bridas
que ponen freno a la palabra.

La sombría soledad no descansa,
emerge indolente sin pausa,
y la honda intimidad
celosamente guardada se despierta
al socaire del albedrío soñado.

Desde este predio abandonado
reverdece el viejo desaliento
sin bálsamo que le alivie,
se van cerrando caminos
y la oscuridad se cierne
sobre los cansados ojos.

Mientras este árbol siente desvestirse,
sus raíces con furia desatada
buscan la verdadera razón
que es ataúd de su destierro.

En este universo gris y contenido,
donde las voces son como desiertos
y la timidez pone brillo a los sollozos,
un grito azulado lleno de dulzura
pinta delirios y extiende su fuego
por las estrechas márgenes del olvido.

Es la raíz que brota con fuerza
-espejo de la verdad oculta-
cambiando la monótona faz
del nido de sombras en que vivía
por el eco transparente de la luz
que reposa en sus umbrales.

*Andros

jueves, 5 de diciembre de 2013

Dejar pasar el tiempo



 El tiempo pasa fugaz, como fuego
que hace ascuas los bordes del seco leño.

La suave mano -fuente de caricias-
es ahora violín inanimado
que hasta enmudece el latir de la piedra.

Corre el tiempo y recrea la memoria
-tantas veces larvada entre silencios-
y su lento discurrir es tan torpe,
que se funde en abrazo con el olvido.

Mas aún quedan vestigios de la luz
-volcán inextinguible de pasión-
que brotó del manantial de la palabra.

Y es que aunque el tiempo vuele inexorable,
la piedra, que quiere sellar su huella,
busca su soñada razón de ser
bajo el canto encendido  del amor.

*Andros

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Tardes de diciembre

   
Tienen fiebre las tardes de diciembre.

Acosadas por el tedio,
acuden al suicidio de los huesos
para lubricar con su colágeno los cristales
donde se miran las uñas del delirio.

Equilibradamente inestable,
atrapado por los nudos del verbo fatigado,
me asalta una espiral de pálidas imágenes
insumisas a la ardiente caricia de los dedos.

¿Por qué la risa blanca no amanece en mis letras invernadas?
¿Por qué se duelen todos mis rincones
oyendo como gritan los latidos de la sangre
sin poder escapar del laberinto
de las sombras que se alargan meciendo la fatiga?

Imposible, no hay respuesta:
Un mutismo pertinaz se llega hasta las sienes
obligando a la conciencia a enterrar su voz
por no encontrar la llave de su vital sabiduría.

*Andros