viernes, 13 de diciembre de 2013

Razones de un amor

     
 Me nombras infinito por ser pastor de estrellas,
por brillarme los ojos como espejos
si al mirarte el verso me resbala de la mano
con las notas ardientes
del afecto prendido entre los labios.

Y tal vez te acompañe la razón.

Jamás me sentí huésped del invierno
porque en el pecho me ardieron siempre primaveras,
porque entre anocheceres de calimas y besos
brotaron los asombros
sin que el tiempo abriese la carcoma,
porque en fin paseamos nuestro amor
bajo un techo de blancas claraboyas.

Por eso traducimos los pálpitos calientes
volando como rojas mariposas
ceñidas a sus retos,
por eso en el jardín de los acerbos
donde la existencia clarifica sus celajes
sólo nos crecen rosas sin espinas.

*Andros

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