viernes, 20 de diciembre de 2013

Cincuenta limoneros


Vivía pegada a los labios de la tierra
sobre el surco donde brota la fatiga,
la frente descuajada mirando siempre adentro
y en sus manos,
en sus manos el brillo del llanto de una espiga
con olor al pan trasvasado de sus penas.

Sólo tenía cincuenta limoneros
y un racimo de sudores en su cuello polvoriento;
de su boca jamás salió una queja
y en sus ojos,
en sus ojos se leían las sufridas pisadas del desprecio.

El látigo del hombre hurtó su pobre hacienda
amasada con la sangre de sus llagas,
puso vómitos de hiel en su camino
pero ella, sin ánimos de guerra,
lanzó un valiente grito desde su matriz callada
poniendo caro precio a la injusticia.

Su inmenso sacrificio no fue estéril:
Otros hombres, llenos de vergüenza, enmendaron el error
y ella volvió a beber del zumo parido por la tierra.

*Andros

2 comentarios:

  1. Es el poema más bonito que he leído en mucho tiempo. Cómo escribes José Luis, que maravilla leerte siempre.

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  2. María, los buenos amigos sois magnànimos en vuestros comentarios y eso se debe al enorme afecto que llevàis dentro.

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