En mis claustros hay una paz que es sólo mía.Con ella, el alma late cruzando la vena líquida del tiempo. *Andros
lunes, 2 de abril de 2012
Abril ríe
En las últimas gotas del invierno
quedaron encerrados los insomnios,
y el canto de las letras
confinado entre viejos pergaminos
renació ante nuevos desafíos.
Sin el sol que acaricia los sentidos
ni el deseo que lleva a rescatarse,
es difícil intuir
la vena migratoria de los vuelos.
Sólo cuando el silencio se hace grito,
cuando la voz madura entre los labios,
el lenguaje abandona su ostracismo
para lucir el brillo de su aliento.
Nace así, bajo techo,
abril de lunas blancas
con melena de risas y acuarelas
dispuesto a ser vehículo de afecto
más allá de sus propias vibraciones.
Con el olor a jara
regresan fantasías a la mente
y el verso, de puntillas, dobla esquinas
apurando hasta el mínimo recodo.
Es el despertar de un vuelo sin alas
que a sonreír convoca,
del júbilo indolente,
del renacimiento de la piedra cautivada.
Es el agua que calma la sed de los desiertos.
*Andros
Las razones de tu ausencia
No sé porqué el paisaje
se me extiende con fugas de océanos,
porqué las noches ruedan sus ansias de rubíes
queriendo ser bengalas
que buscan armonía en la memoria
de una voz apagada por el tiempo.
No lo sé, sólo sé que el silencio que me habita
conduce al pensamiento
a los pies del mármol donde crecen los recuerdos.
¿Acaso es el pulso derretido el que solfea
la nula fertilidad del sueño,
o es el poro de la incertidumbre
el que ataca las íntimas esencias?
Sea como fuere, bajo el párpado que duerme
náufrago de horizontes
siempre crecen espigas de consuelo,
latidos que en voz baja
propagan la fuerza temblorosa del amor.
Y así estoy, con el vuelo cerca de las sienes,
esperando, siempre esperando escuchar el eco
donde yacen las razones de tu ausencia.
*Andros (26-III-2012)
domingo, 1 de abril de 2012
Las raíces del silencio
La mirada esquiva que se esconde
al amparo de un sórdido silencio
crea un nudo en la garganta
aunque se suelten las bridas
que ponen freno a la palabra.
La sombría soledad no descansa,
emerge indolente sin pausa,
y la honda intimidad
celosamente guardada se despierta
al socaire del albedrío soñado.
Desde este predio abandonado
reverdece el viejo desaliento
sin bálsamo que lo alivie,
se van cerrando caminos
y la oscuridad se cierne
sobre los cansados ojos.
Mientras este árbol siente desvestirse,
sus raíces con furia desatada
buscan la verdadera razón
que es ataúd de su destierro.
En este universo gris y contenido
donde las voces son como desiertos
y la timidez pone brillo a los sollozos,
un grito azulado lleno de dulzura
quiebra delirios y extiende su fuego
por las estrechas márgenes del olvido.
Es la raíz que brota con fuerza
-espejo de la verdad oculta-
cambiando la faz
del silencio en el que estaba abandonada
por el eco transparente de la luz
que reposa en sus umbrales.
La soledad, alejada del rumor helado,
se levanta en los brazos de un arrullo.
*Andros
Habla el rostro del olvido
Es difícil volver la vista atrás
sobre todo si el tren de la memoria
circula por raíles oxidados.
Con la frente dormida,
la voz robada y las manos yertas,
en el ámbito hueco de las luces
sólo brillan las ojeras.
El rostro de los vuelos se retrata
con luto en los espejos del espectro,
como péndulo roto
que cuelga del grillete de las horas.
Estéril panorama el que contempla
el labio nebuloso, cuando a ciegas
derrama la soledad de su grito
hasta el último vidrio de su sangre.
Se apagan los latidos de las conchas
y rompen a llorar las caracolas,
pero el nudo gordiano de lo incierto
soporta la tensión
de vivir vertebrado a la deriva.
Qué tristeza produce el abandono
del inmortal relámpago,
último escalón donde posa el ojo
su mirada de cera derretida.
Y así, sin conocerse,
el labio se reposa entre las sienes.
*Andros
martes, 27 de marzo de 2012
Verso a la fuga
En este palpitante devenir
de luces y de sombras,
he sentido en los ojos de la noche
la fatiga del pensar paciente.
El pulso de las velas
y las voces del hambre,
-desde el temor que lleva al abandono
hasta el llanto que fluye soliloquios-
son testigos de fiebres y de ojeras.
Con la pluma en la mano
y el ingrávido rostro circunflejo,
he buscado el color de la palabra
en los besos huídos
y en las flores ajadas del recuerdo.
Pero el léxico vivaz se acantila
entre cenizas, lejos,
muy lejos de la lámpara de cuarzo
donde el amor brillaba mariposas.
Es por eso que están muertas las horas
durmiendo turbios sueños que no acaban.
Es por eso que en un latir de labios
sólo ruedan los copos del vacío.
*Andros
lunes, 26 de marzo de 2012
Vida al verso
El verso, rojo de pasión y fuego
navega por el río de la sangre
sellando entre las almas
el brillo de su nácar transparente.
Inmaculada huella la que enciende
un acordeón de liras y sonetos
si el constelado labio ve crecer
la fórmula del gozo
en el clima del beso y la mirada.
Una corola azul, tímido aliento,
se aposenta en los ojos del poema
para dejarnos ver
el pálpito sediento de su alero,
porque allí donde los sueños espigan
la flor de su linaje
siempre ríe el canto de los pájaros.
Delirio de almíbares en el aire,
pezón que mana efluvios de ternura,
el verso es mano amiga
que entre sedas desliza su palabra.
Cómo sabe el poeta
que atándose a sus fugas, siempre el verso
hará girar sus ruedas de molino.
*Andros
domingo, 25 de marzo de 2012
Recreando sueños
Hoy he vuelto sobre mí, entre suspiros,
a vibrar con los ecos de tu voz
buscando en el charol de los espejos
el sol de la ternura,
los ojos del cielo, tu blando aliento.
En nuestro hogar de luces y extravíos
donde reinan las quimeras,
no son curvas las fugas, las distancias,
pues la paz que apacigua nuestros rostros
se viste con el blanco de sus alas.
De ti, a cada instante,
brotan las esencias de tacto y miel
que van desde tus leves cataratas
hasta el fuego que enciende mis pupilas.
Por eso tu estandarte
se adorna con la flor del equilibrio
y en los rojos tapices de tus labios
sólo crecen besos de coral.
Al cruzar nuestras manos
danzando como cisnes,
volvemos a los sueños de gacelas.
Todo es ya conjunción y sentimiento
y por eso nos brillan las auroras.
Somos agua de un mismo río
que eterniza en el mar los ecos de un cortejo.
*Andros
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