sábado, 28 de diciembre de 2013

Rebelde sin causa

 
Aunque tu juventud no es la única,
sólo tu participas del silencio
que fecundas en tu pecho
enquistado en el barro de tus poros
con la más inaccesible altanería.

Tu "yo" te dibuja arrugas en la frente
porque vives sin sosiego, en vilo,
tras rugosas cortezas escondido,
germinando con tu huida trashumante
la mudez que angosta el verbo cálido.

Pretendes siempre ser el centro
del círculo que gira.Te parapetas
tras el umbral surrealista de un paisaje
donde brilla el cruel resentimiento.

No contemplas las caídas
por un falso temor a levantarte,
ni aceptas nunca la mano generosa
que te brinda la caricia de sus dedos.

El alma que proclama tu albedrío
es presa fácil de su propia pesadumbre,
-cristal opaco- que no ve más allá
del eco lapidado de tu nombre.

Mas este viento que sopla de costado
no es inmutable.Tu mismo, al tiempo,
cavarás la fosa a tu propia rebeldía
y un alba nueva abrazada a un nuevo vuelo
pulirá las aristas afiladas
del felino que roe tus entrañas.

*Andros

jueves, 26 de diciembre de 2013

La raíz de la belleza

     
Como una escalera vertical sin equilibrio,
con peldaños de vértigo y suspiros,
se despiertan ideas con traje visionario
entre antorchas de fuegos delirantes.

No es verdad que la belleza sea más azul,
que vislumbre su más diáfano lenguaje
cuando éste luce sus mejores galas pleno de cordura.

Desde el fondo de los ojos
simulando navegar por un alba de cristales
a veces se suceden fluyentes miradas de berilo,
que rastrean las insomnes cornisas del zodíaco
dispuestas a bordar con sus bemoles
las notas discordantes del loco pensamiento.

Entonces,
hasta la oculta voz de la palabra se hace táctil,
se alejan las borrascas de mensajes ilegibles,
abiertos caracoles emprenden caravanas fugitivas
en busca de una meta sin luceros ni horizontes,
y hasta el lento discurrir de la sangre por las venas
escucha su propio galopar en la distancia.

No siempre el soliloquio se teje en un glaciar enajenado
ni el júbilo procaz es premisa del desequilibrio de la mente.

Sabed todos que el pulso luminoso de lo abstracto
acaricia el silogismo, si en su frente mana la ternura.

*Andros

miércoles, 25 de diciembre de 2013

De arriba a abajo


Arriba,
la memoria luce nácar en sedas transparentes;
abajo,
la soledad arrastra el llanto nebuloso de los ojos
hasta la cuna helada de las manos.

Se escapan suspiros en caída libre
sobre los hondos silencios de la tarde
mientras tímidos ladridos de cuernos afilados
estallan sobre el puente de las sienes
para despertar la pena que latía en el olvido.

Qué angustia se desborda cuando silba la noche,
cuando rueda por la frente el sabor de la derrota;
parece que la sangre discurre en un glaciar
arañando con su lengua el cauce de las venas.

Y aunque un miedo felino clave sus zarpas en el pecho,
las ansias de volar jamás podrán frenarse:
Siempre habrá un beso que cuelgue de los labios
como bálsamo de amor donde sanen las heridas.

Arriba y abajo,
memoria y soledad en fraternal connivencia
danzando locamente sin descanso
sobre el tapiz donde se desangran los silencios.

*Andros

martes, 24 de diciembre de 2013

Si vienes a mí

     
Si a mí te llegas, si por mí suspiras,
te seguiré paso a paso toda la vida.

Si en tu pecho renace nueva flor
-símbolo del amor que me tenías-
te mostraré el sentimiento, sin pudor,
que en mi lóbrego corazón dormía.

Y ya no habrá otros ojos para mí
que los tuyos en las noches peregrinas,
cuando tras el cristal, ciego de pasión
y de ternura, mi ser se estremecía.

Tú, sentirás el calor deseado,
disfrutarás de mi verso escandido,
y una lágrima rosada besará
tu mejilla-señal inequívoca-
de la felicidad que llevas dentro.

Si vienes a mí, una caravana de claveles
te hará samaritana de mis sueños.

 *Andros

Letal indiferencia


                       A un gran corazón, ninguna ingratitud lo cierra,
                            ninguna indiferencia lo cansa. 
                                                                       (León Tolstói)

Entre tanto gesto insolidario
no existe mirada más esquiva y lacerante
que la de la muda indiferencia.

Vivir en ese clima de nubes laberínticas
más cerca de la sal que del vino mulso,
donde la soledad harta de describir órbitas vacías
se enrosca en los sarmientos de su sufrida suerte,
es vivir respirando el polvo letal del fatalismo
en la arena incombustible del silencio.

Silencio y soledad, soledad y silencio,
pálidas burbujas de estériles nostalgias,
cadáveres insomnes de soles en medio de la niebla
que atados al recuerdo infecundo de sus noches
desangran la sed de sus espejos indolentes
en el cauce de sus vomitivas gárgolas.

Así camina el hombre tras los talones de la angustia.

Así se desliza por el afilado borde de sus sombras interiores
en un soliloquio permanente de marañas
a la espera de que el límpido lenguaje del amor
le rescate de la fiebre que llaga su declive.

*Andros

lunes, 23 de diciembre de 2013

De razones y sentires

 
Un aire de pasiones y bengalas,
más ardiente que el empeño de las sienes,
emerge del sayal del sentimiento
como un latido blanco de ternura.

La sangre, encendida en pie de guerra,
sacude el surtidor de las esencias
con la voz enturbiada de sus fugas
en una encrucijada de retornos.

Todo parece espejo en el paisaje
donde se arrebatan las soledades,
y hasta el párpado abierto a las ojeras
deshoja su mirada de avestruz
buscando el lago azul de los recuerdos.

Bajo este caracol a la deriva
sellado por la duda en la memoria
brota la luz de la escondida senda,
que recobra sus letras de verdad
desde el pulso de la animada frente.

Se produce un eclipse de rumores,
corolario entre rosas y cipreses:

Los corazones no alcanzan el Cielo
porque la roca es ancla de sus alas.

*Andros

viernes, 20 de diciembre de 2013

Cincuenta limoneros


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        Vivía pegada a los labios de la tierra
sobre el surco donde brota la fatiga,
la frente descuajada mirando siempre adentro
y en sus manos,
en sus manos el brillo del llanto de una espiga
con olor al pan trasvasado de sus penas.

Sólo tenía cincuenta limoneros
y un racimo de sudores en su cuello polvoriento;
de su boca jamás salió una queja
y en sus ojos,
en sus ojos se leían las sufridas pisadas del desprecio.

El látigo del hombre hurtó su pobre hacienda
amasada con la sangre de sus llagas,
puso vómitos de hiel en su camino
pero ella, sin ánimos de guerra,
lanzó un valiente grito desde su matriz callada
poniendo caro precio a la injusticia.

Su inmenso sacrificio no fue estéril:
Otros hombres, llenos de vergüenza, enmendaron el error
y ella volvió a beber del zumo parido por la tierra.

*Andros