jueves, 12 de abril de 2012

Un lienzo por pintar


 
La palabra, salpicada de sueños,
despierta las auroras
con la luz de sus blancos alquiceles.

Burlando las orillas del crepúsculo,
enarbola su aliento solidario
en ronda de gorjeos
y estalla en el aire, ebria de vida,
ajustada al ritmo de sus nácares.

¿Cómo puede ceñirse
el fajín de su rango libertario
al talle de una esfinge amordazada
que rueda desbordando soledades?

Sólo el regreso al crudo raciocinio
desvela su linaje
para que desde el loto visionario
se vislumbre el rumor de los eclipses.

El eco naufragado de la voz
libera su descanso
en las dunas flotantes del silencio
y nutre su caudal
donde el amor no vive prisionero.

La palabra, como una vía láctea,
dibuja sus estrellas
sobre el lienzo que brilla en lo imposible.

Así nacen en ella
los mensajes que bordan parlamentos.

*Andros

martes, 10 de abril de 2012

Todo tierra



El libro de la vida
describe su odisea
al ritmo de un volar de mariposas.

Aunque el alma que sueña no es de piedra
ni su vuelo tiene alas de cartón,
la carne, siempre débil,
evita cobijarse
en el vientre de un cántaro de estelas.

Por eso en la falaz dicotomía
-razón o sentimiento-
nada fijo prevalece:
Es visión que se escapa de las manos.

Se busca el equilibrio
desde el canto del pájaro
hasta el eco vital de las neuronas,
sin obviar los remedos del Parnaso.

Pero el pulso no sella la antinomia
y al final, todo es tierra.

*Andros

sábado, 7 de abril de 2012

Voces amargas


 
Hay palabras sin tacto,
-despojos de las sienes-
que asoman el color de sus infiernos
cuando el vicio fermenta entre cenizas.

Son flechas desafiantes
envueltas en acíbar
dispuestas a clavar en los oídos
los oscuros mensajes de su pobreza.

Debajo del barniz de su hojarasca
sólo hay olor a tierra
y aunque a veces se adornan con disfraces
de charoles y pámpanos,
sus brillos matizados
corroen la sumisa inteligencia.

Hay palabras que tienen mal aliento,
que esconden su cilicio
en el puño cerrado de sus ecos
buscando un barandal donde apoyarse.

Esas palabras sólo se tatúan
sobre el labio de un viento enajenado.

*Andros

Voz callada


 
Tu silencio de roca, tan perpétuo,
es alfanje que sesga la esperanza
de cielos que liberan golondrinas
entre velos flotantes de obsidianas.

Con su frío de gris invernadero
un dédalo de dudas y tinieblas
se cierne con sus vidrios azogados
sobre el cáliz caído de tus fugas.

Ver tu silueta íntima y rotunda
desprendida del aire, sin color,
apurando sonrisas minerales
incita a los brazos del instinto
a romper el idilio que le agita.

¡Qué fría es el agua de tu cauce
y la paz que sostiene tus latidos!

Parece que tu calma tiene esquinas
de cansancio donde se multiplican
los afectos que manan soledades.

Pronto deberás abrir los límites
que guardan la savia de tu perfil,
porque no lucen rojas las vidrieras
si el crepúsculo ciega las arterias.

Entonces, dejarás de ser la voz
donde el tiempo amasa sus escombros.

*Andros





















viernes, 6 de abril de 2012

Tiempos laxos


   
El tiempo permanece embalsamado
en el oasis de la supervivencia.

Las horas en silencio
copulan en largos intervalos de evasiones
con el gesto enmascarado, hasta el punto
que la soledad del aliento se vuelve táctil
a pesar de abrazarse con el éter.

En el rostro del aire
tiembla la desnudez de los designios
y en el límite abierto de las fugas
el riesgo que se asume
bebe la razón de los ojos ciegos.

La sed de azul que filtran las murallas
para tapiar vacías apariencias
se derrama doliente
sobre la intumescencia del hastío
al no vestir el arco de las sienes.

Paisaje de desierto es el que espera
al labio abandonado
que se anuda a la luz de un espejismo
huyendo del calor
de una fosa flotante de volcanes.

Quien viste su alborada de indolencia
verá su dignidad entre rastrojos.

*Andros

jueves, 5 de abril de 2012

Aires de saeta



En el atrio al que sube una saeta
la calma se desnuda.

Su grito, definido por la sangre
que cala las conciencias,
pone paz en todos los rincones
alumbrando su fiel epifanía.

Mensaje de laurel,
su luz abrasa el aire y su voz
oculta en la garganta
despierta las raíces del impulso
entre sístoles que abren penitencias.

La saeta, velero
que navega las aguas en silencio,
pasea su estirpe de nervio y fuego
en noches nazarenas
hasta el alfa que encierran los oídos.

Su vértigo de rosas, sus espinas,
trascienden los aljibes de la sed
y hasta el grano dorado en la amargura
ordena sus latidos
buscando un corolario de armonía.

¿Qué tendrá la saeta
que en las noches de abril
eterniza el redoble de sus ecos?

La saeta es mucho más que un guiño
que sonríe a los ojos del encuentro.

*Andros

Tras el eco de las fugas



Voy siguiendo las huellas de tus pasos
como pájaro herido entre zarzales,
la voz hecha jirones
y el temor desangrando la memoria.

Evadido del canto,
con este caminar nebuloso
sólo busco la sombra de tu rostro
en las gotas de aire
donde brillan los mágicos recuerdos.

La curva de los años
alcanza su inflexión en las arrugas,
-espejo de lo efímero-
en el romántico azul de los sueños
y en el rastro cruel del remordimiento.

Asomado al abismo, me resigno
a ser viejo retal
que se teje entre relojes parados.

Y es que desde este pobre invernadero
sólo la ascética del sufrimiento
se acompaña del eco de las fugas
y sus paseos de misantropía.

Sobre este mar de sal
mi intimidad se cuelga de la tuya.

*Andros