miércoles, 4 de diciembre de 2013

Tardes de diciembre

   
Tienen fiebre las tardes de diciembre.

Acosadas por el tedio,
acuden al suicidio de los huesos
para lubricar con su colágeno los cristales
donde se miran las uñas del delirio.

Equilibradamente inestable,
atrapado por los nudos del verbo fatigado,
me asalta una espiral de pálidas imágenes
insumisas a la ardiente caricia de los dedos.

¿Por qué la risa blanca no amanece en mis letras invernadas?
¿Por qué se duelen todos mis rincones
oyendo como gritan los latidos de la sangre
sin poder escapar del laberinto
de las sombras que se alargan meciendo la fatiga?

Imposible, no hay respuesta:
Un mutismo pertinaz se llega hasta las sienes
obligando a la conciencia a enterrar su voz
por no encontrar la llave de su vital sabiduría.

*Andros









































































sábado, 23 de noviembre de 2013

Alma rota

 


De tanto sufrir por su herida abierta
el alma se lamenta de su suerte,
a la espera que la anhelada muerte
al dolor en sosiego le convierta.

Cansada de vivir, surge el delirio
que dibuja el declive de la mente
y la duda es la nota permanente
que agrava la crueldad de su martirio.

¿Cuál sería el delito cometido,
cuál la causa de tal padecimiento
que le hace caminar extenuada

buscando los porqués de lo acaecido?
No hay razón que dé luz al pensamiento:
¡Se nace, vive y muere de la nada!

*Andros

Palabra ciprés


                                                                                                             

                                 

Siento seca la savia en las raíces
y el mutismo me hiere la elocuencia.

¿De dónde viene el silencio desteñido
que suspira en esta fragua abandonada?

No nació de la lluvia de las nubes
ni del vértigo que causa la locura,
ni de las cumbres que peinan con su niebla
las invisibles cenizas del olvido.

El luto que viste mi lenguaje
y oscurece su verbo fatigado
nació del polvo de la tierra
batido por el viento del dolor,
que en cabalgada cruel
cegó la luz de mis pupilas
zurciendo telarañas en los ojos.

Ahora, como esfinge de mármol,
el eco de mi voz está apagado,
la frente, de piedra, luce sus huellas
y el triste corazón, que llora,
esconde su remota soledad
bajo la alargada sombra de un ciprés.

*Andros 

viernes, 22 de noviembre de 2013

El verso y su sentir

   
Cuando el ánimo llama a mi puerta,
ebrio de ilusión y ciego de amparo,
acaricio la pluma entre los dedos
como un buril grabando en plata
la flor que da vida al pensamiento.

Esa flor que tantas veces se resiste
a albergar sus aromas en el viento,
es la voz que discurre generosa
por el cauce del hondo sentimiento.

Pero surge la duda hamletiana:
"ser" o "no ser" de la música en el verso,
de su rima, su medida y lo demás
que sembraron los escritos de otros tiempos.

¡Qué más da si lo antiguo se hace nuevo,
si cantos del Carnaval de ahora
églogas de antruejo fueron!

¡Lo que de verdad me importa es el sentir,
sentir profundo y sincero,
que la palabra libre se vuele
y al escucharla o leerla
produzca el placer que sueño!

*Andros

domingo, 17 de noviembre de 2013

El verso y la flor



A mí, juglar de vuelos imposibles,
que llevo esculpida en piedra
la sencillez por origen
y la verdad por bandera,
no me mueven mujer para quererte,
ni el boato, ni las ansias de poder,
ni la infinita riqueza.

Desde la cuna, llevo prendida en el pecho
la flor que me sembró mi madre,
tierna flor de sentimiento
que con esmero cultivo cada día,
como el mejor jardinero.

Esa flor, como violeta escondida
que viste de humildad mis sueños,
es la flor que yo te ofrezco
desde mi pobre jardín
cubierta de amor sincero.

Tómala como regalo, guárdala como recuerdo,
llénate de su fragancia
y, si la nostalgia te invade,
estréchala sin soltarla
como se abraza un deseo.

*Andros

jueves, 7 de noviembre de 2013

La fuerza del llanto

 
En la fuerza del llanto
se intuye el desaliento de la rémora,
el sentimiento de los sueños rotos.

Parece que el crepúsculo,
sobre el lienzo extendido de su imagen,
quisiera guardar el momento exacto
que nos hiela como un alud caído.

Las gotas de lluvia, como mensajes,
derrochan toda su melancolía
con el candor de un vuelo de claveles
y en el brillo sin par de sus reflejos
puede verse la sombra del lamento.

¿Quién puede resistir el estiaje
definido en el ántrax de un glaciar
cuyo rostro supura la razón
del agua que descubre el sufrimiento?

En los iris del llanto
se busca una salida al propio injerto,
a la fuga de auroras,
al martirio que bebe de sus ascuas.

Las lágrimas sorbidas a los sueños
congestionan la luz de los espejos.

*Andros

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Espejo de un alma solitaria


   
Rizando reflejos en tus blancas sienes,
se tornan grises las luces que te asoman
por el puente colgante de las cejas.

Con la férrea voluntad a la deriva
y un viento columpiado entre mil sombras,
te brota un palabreo sobresaltado
que eleva los sueños a las nubes
desde una soledad mal interpretada.

Son como gotas de cristal
vertidas en las noches de insomnio
sobre un lienzo inacabado
al perder su fuerza y su frescura
las notas que ponían primavera en el paisaje.

Con este freno entre los labios
la voz oculta los ecos del recuerdo,
los suspiros emiten su grito ceniciento
y el gozo se consume lentamente
desde el silencio que ahoga los deseos.

Es así como estás, confundido,
sin savia solidaria entre los dedos,
casi siempre con el paso cambiado
y con un acre latir de vino mulso
que llena de rubor tu sutil melancolía.

!Qué muralla de granito la de tus paredes!

Sobre el pálido islote de tu rostro                                                                                                                 sólo bullen simunes de desierto.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      *Andros