viernes, 13 de diciembre de 2013

Razones de un amor

   



 Me nombras infinito por ser pastor de estrellas,
por brillarme los ojos como espejos
si al mirarte el verso me resbala de la mano
con las notas ardientes
del afecto prendido entre los labios.

Y tal vez te acompañe la razón.

Jamás me sentí huésped del invierno
porque en el pecho me ardieron siempre primaveras,
porque entre anocheceres de calimas y besos
brotaron los asombros
sin que el tiempo abriese la carcoma,
porque en fin paseamos nuestro amor
bajo un techo de blancas claraboyas.

Por eso traducimos los pálpitos calientes
volando como rojas mariposas
ceñidas a sus retos,
por eso en el jardín de los acerbos
donde la existencia clarifica sus celajes
sólo nos crecen rosas sin espinas.

*Andros

lunes, 9 de diciembre de 2013

Las raíces del silencio



La mirada esquiva que se esconde
al amparo de un sórdido silencio
crea un nudo en la garganta
aunque se suelten las bridas
que ponen freno a la palabra.

La sombría soledad no descansa,
emerge indolente sin pausa,
y la honda intimidad
celosamente guardada se despierta
al socaire del albedrío soñado.

Desde este predio abandonado
reverdece el viejo desaliento
sin bálsamo que le alivie,
se van cerrando caminos
y la oscuridad se cierne
sobre los cansados ojos.

Mientras este árbol siente desvestirse,
sus raíces con furia desatada
buscan la verdadera razón
que es ataúd de su destierro.

En este universo gris y contenido,
donde las voces son como desiertos
y la timidez pone brillo a los sollozos,
un grito azulado lleno de dulzura
pinta delirios y extiende su fuego
por las estrechas márgenes del olvido.

Es la raíz que brota con fuerza
-espejo de la verdad oculta-
cambiando la monótona faz
del nido de sombras en que vivía
por el eco transparente de la luz
que reposa en sus umbrales.

*Andros

jueves, 5 de diciembre de 2013

Dejar pasar el tiempo



 El tiempo pasa fugaz, como fuego
que hace ascuas los bordes del seco leño.

La suave mano -fuente de caricias-
es ahora violín inanimado
que hasta enmudece el latir de la piedra.

Corre el tiempo y recrea la memoria
-tantas veces larvada entre silencios-
y su lento discurrir es tan torpe,
que se funde en abrazo con el olvido.

Mas aún quedan vestigios de la luz
-volcán inextinguible de pasión-
que brotó del manantial de la palabra.

Y es que aunque el tiempo vuele inexorable,
la piedra, que quiere sellar su huella,
busca su soñada razón de ser
bajo el canto encendido  del amor.

*Andros

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Tardes de diciembre

   
Tienen fiebre las tardes de diciembre.

Acosadas por el tedio,
acuden al suicidio de los huesos
para lubricar con su colágeno los cristales
donde se miran las uñas del delirio.

Equilibradamente inestable,
atrapado por los nudos del verbo fatigado,
me asalta una espiral de pálidas imágenes
insumisas a la ardiente caricia de los dedos.

¿Por qué la risa blanca no amanece en mis letras invernadas?
¿Por qué se duelen todos mis rincones
oyendo como gritan los latidos de la sangre
sin poder escapar del laberinto
de las sombras que se alargan meciendo la fatiga?

Imposible, no hay respuesta:
Un mutismo pertinaz se llega hasta las sienes
obligando a la conciencia a enterrar su voz
por no encontrar la llave de su vital sabiduría.

*Andros









































































sábado, 23 de noviembre de 2013

Alma rota

 


De tanto sufrir por su herida abierta
el alma se lamenta de su suerte,
a la espera que la anhelada muerte
al dolor en sosiego le convierta.

Cansada de vivir, surge el delirio
que dibuja el declive de la mente
y la duda es la nota permanente
que agrava la crueldad de su martirio.

¿Cuál sería el delito cometido,
cuál la causa de tal padecimiento
que le hace caminar extenuada

buscando los porqués de lo acaecido?
No hay razón que dé luz al pensamiento:
¡Se nace, vive y muere de la nada!

*Andros

Palabra ciprés


                                                                                                             

                                 

Siento seca la savia en las raíces
y el mutismo me hiere la elocuencia.

¿De dónde viene el silencio desteñido
que suspira en esta fragua abandonada?

No nació de la lluvia de las nubes
ni del vértigo que causa la locura,
ni de las cumbres que peinan con su niebla
las invisibles cenizas del olvido.

El luto que viste mi lenguaje
y oscurece su verbo fatigado
nació del polvo de la tierra
batido por el viento del dolor,
que en cabalgada cruel
cegó la luz de mis pupilas
zurciendo telarañas en los ojos.

Ahora, como esfinge de mármol,
el eco de mi voz está apagado,
la frente, de piedra, luce sus huellas
y el triste corazón, que llora,
esconde su remota soledad
bajo la alargada sombra de un ciprés.

*Andros 

viernes, 22 de noviembre de 2013

El verso y su sentir

   
Cuando el ánimo llama a mi puerta,
ebrio de ilusión y ciego de amparo,
acaricio la pluma entre los dedos
como un buril grabando en plata
la flor que da vida al pensamiento.

Esa flor que tantas veces se resiste
a albergar sus aromas en el viento,
es la voz que discurre generosa
por el cauce del hondo sentimiento.

Pero surge la duda hamletiana:
"ser" o "no ser" de la música en el verso,
de su rima, su medida y lo demás
que sembraron los escritos de otros tiempos.

¡Qué más da si lo antiguo se hace nuevo,
si cantos del Carnaval de ahora
églogas de antruejo fueron!

¡Lo que de verdad me importa es el sentir,
sentir profundo y sincero,
que la palabra libre se vuele
y al escucharla o leerla
produzca el placer que sueño!

*Andros