viernes, 20 de diciembre de 2013

Cincuenta limoneros


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        Vivía pegada a los labios de la tierra
sobre el surco donde brota la fatiga,
la frente descuajada mirando siempre adentro
y en sus manos,
en sus manos el brillo del llanto de una espiga
con olor al pan trasvasado de sus penas.

Sólo tenía cincuenta limoneros
y un racimo de sudores en su cuello polvoriento;
de su boca jamás salió una queja
y en sus ojos,
en sus ojos se leían las sufridas pisadas del desprecio.

El látigo del hombre hurtó su pobre hacienda
amasada con la sangre de sus llagas,
puso vómitos de hiel en su camino
pero ella, sin ánimos de guerra,
lanzó un valiente grito desde su matriz callada
poniendo caro precio a la injusticia.

Su inmenso sacrificio no fue estéril:
Otros hombres, llenos de vergüenza, enmendaron el error
y ella volvió a beber del zumo parido por la tierra.

*Andros

martes, 17 de diciembre de 2013

Halcones amarillos

 
La extremidad que martiriza al orbe
suele ser madriguera de sabuesos.

Inhóspito paisaje, honda ciénaga,
burdas añagazas que propenden
la vuelta al amarillo,
visiones calcinadas
que el hombre libre con razón disiente.

Subido en el tren del latrocinio,
rodeado de sables y cuchillos,
sobrevuela el halcón
refugiado en el son de un clavicordio
con la ley afilada entre las garras.

En el miedo, el llanto y la agonía
posa su efigie el hombre arrodillado
que despojado de su voluntad
se diluye entre blancas utopías.

No es estéril el arduo sacrificio
cuando éste se acompaña
de la voz que libera su mensaje
con sangre de poema.

Jamás el simulacro, el estallido
que acalla las conciencias
podrá poner sonrisa a un esqueleto.

*Andros

viernes, 13 de diciembre de 2013

Razones de un amor

   



 Me nombras infinito por ser pastor de estrellas,
por brillarme los ojos como espejos
si al mirarte el verso me resbala de la mano
con las notas ardientes
del afecto prendido entre los labios.

Y tal vez te acompañe la razón.

Jamás me sentí huésped del invierno
porque en el pecho me ardieron siempre primaveras,
porque entre anocheceres de calimas y besos
brotaron los asombros
sin que el tiempo abriese la carcoma,
porque en fin paseamos nuestro amor
bajo un techo de blancas claraboyas.

Por eso traducimos los pálpitos calientes
volando como rojas mariposas
ceñidas a sus retos,
por eso en el jardín de los acerbos
donde la existencia clarifica sus celajes
sólo nos crecen rosas sin espinas.

*Andros

lunes, 9 de diciembre de 2013

Las raíces del silencio



La mirada esquiva que se esconde
al amparo de un sórdido silencio
crea un nudo en la garganta
aunque se suelten las bridas
que ponen freno a la palabra.

La sombría soledad no descansa,
emerge indolente sin pausa,
y la honda intimidad
celosamente guardada se despierta
al socaire del albedrío soñado.

Desde este predio abandonado
reverdece el viejo desaliento
sin bálsamo que le alivie,
se van cerrando caminos
y la oscuridad se cierne
sobre los cansados ojos.

Mientras este árbol siente desvestirse,
sus raíces con furia desatada
buscan la verdadera razón
que es ataúd de su destierro.

En este universo gris y contenido,
donde las voces son como desiertos
y la timidez pone brillo a los sollozos,
un grito azulado lleno de dulzura
pinta delirios y extiende su fuego
por las estrechas márgenes del olvido.

Es la raíz que brota con fuerza
-espejo de la verdad oculta-
cambiando la monótona faz
del nido de sombras en que vivía
por el eco transparente de la luz
que reposa en sus umbrales.

*Andros

jueves, 5 de diciembre de 2013

Dejar pasar el tiempo



 El tiempo pasa fugaz, como fuego
que hace ascuas los bordes del seco leño.

La suave mano -fuente de caricias-
es ahora violín inanimado
que hasta enmudece el latir de la piedra.

Corre el tiempo y recrea la memoria
-tantas veces larvada entre silencios-
y su lento discurrir es tan torpe,
que se funde en abrazo con el olvido.

Mas aún quedan vestigios de la luz
-volcán inextinguible de pasión-
que brotó del manantial de la palabra.

Y es que aunque el tiempo vuele inexorable,
la piedra, que quiere sellar su huella,
busca su soñada razón de ser
bajo el canto encendido  del amor.

*Andros

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Tardes de diciembre

   
Tienen fiebre las tardes de diciembre.

Acosadas por el tedio,
acuden al suicidio de los huesos
para lubricar con su colágeno los cristales
donde se miran las uñas del delirio.

Equilibradamente inestable,
atrapado por los nudos del verbo fatigado,
me asalta una espiral de pálidas imágenes
insumisas a la ardiente caricia de los dedos.

¿Por qué la risa blanca no amanece en mis letras invernadas?
¿Por qué se duelen todos mis rincones
oyendo como gritan los latidos de la sangre
sin poder escapar del laberinto
de las sombras que se alargan meciendo la fatiga?

Imposible, no hay respuesta:
Un mutismo pertinaz se llega hasta las sienes
obligando a la conciencia a enterrar su voz
por no encontrar la llave de su vital sabiduría.

*Andros









































































sábado, 23 de noviembre de 2013

Alma rota

 


De tanto sufrir por su herida abierta
el alma se lamenta de su suerte,
a la espera que la anhelada muerte
al dolor en sosiego le convierta.

Cansada de vivir, surge el delirio
que dibuja el declive de la mente
y la duda es la nota permanente
que agrava la crueldad de su martirio.

¿Cuál sería el delito cometido,
cuál la causa de tal padecimiento
que le hace caminar extenuada

buscando los porqués de lo acaecido?
No hay razón que dé luz al pensamiento:
¡Se nace, vive y muere de la nada!

*Andros