jueves, 18 de diciembre de 2014

Vivir entre silencios



Ella era una pobre mujer
perpetuada entre pórticos de soledad,
ardiendo entre ilusiones de gatos y palomas.

Su diminuta figura y su alba abierta
eran freno al temor de las tormentas
y cernida entre alientos solidarios
bordaba sus luces de celuloide
junto a los zócalos dormidos de las aceras.

Ahora, transitando la otra vida,
parece reposar en las huellas de la historia
al dejar en su lugar un grito de ternura
que nos lleva hasta el nido de sus sueños.

Cómo luce su bronce entre las flores,
paloma que se arrulla en el recuerdo.

*Andros

jueves, 4 de diciembre de 2014

Entre Eris y Harmonía



Morder la manzana de la discordia
es cubrirse de lodo y de ceguera
convirtiendo los campos de batalla
en rosario de mariposas muertas.

En el vientre del temor los límites se funden,
se olvidan las andanzas de lentos caracoles
y la noble paz, la ansiada paz de los conciertos
pierde el brillo en sus vidrieras de cristales rotos.

Para ser adalid de la armonía
sobra el humo que inciensa las cabezas,
sólo  se precisa voluntad de carroceros.

*Andros

lunes, 3 de noviembre de 2014

El llanto que huye del olvido

 

Llorar juntos es abrir la intimidad sin velos,
unir las manos para llegar a la otra orilla
buscando entre la paz de las gargantas calladas
la voz donde se duermen los ecos de los duelos.

Si el llanto es médula de soledad y de fuga,
cenáculo de ventisqueros, rumor de agravios,
se objetivan las cósmicas esencias  del miedo
volviendo las ojeras atadas al riel
donde los labios callan ínclitos desengaños.

Al llorar juntos riman las llamas de los ojos
para prender el brillo que luce en sus aljibes
sobre el sarcófago yacente del pensamiento.

Se puede reir juntos cayendo en el olvido,
mas jamás puede olvidarse el llanto compartido.

*Andros













martes, 28 de octubre de 2014

Más allá del pensamiento


 
El lenguaje que desnuda tu equilibrio
sintetiza el protegido color
de tu honda dimensión.

Lo llevas tan ligado a tus esencias
que busca cobijo tras la frente
emergiendo fluído, inesperado,
como un torrente desbordado
que parece llevar a la locura.

Mas nada en ti resulta extraño
ante unos ojos abstraídos,
que cautivos de tus gestos
abrigan nuevas sensaciones
desde la soledad de su desierto.

No sabes de finales ni de límites
sólo de principios que definen tu sentir,
espejos que reflejan tu paisaje
prendidos del azul
mientras derraman su luz inalterable.

Y todo es tan natural, tan deseado,
que el verbo que discurre por tus labios
plasma su inextinguible huella
más allá de donde se viste el pensamiento.

Esa es tu luz, la luz que me espolea
a encender tus auroras en mi pecho.

*Andros

lunes, 27 de octubre de 2014

El rostro que huele la verdad


En el rostro que huele la verdad
se atisban espejos de sol y luna,
liturgia del empeño
paseada por los claustros del abatimiento.

Con el ansia que marcan los límites profundos
y los ojos caídos,
los labios empolvados de salitre
son mímesis del miedo
donde se reconocen los orígenes.

Para ser sismógrafo de ilusiones
y tener aliento en los zapatos
es necesario abrir el nido a las palomas,
inventarse de nuevo,
llenarse de luz para escapar de las tinieblas.

Sólo así las acequias de la sangre
latirán con los ciervos del deshielo.

*Andros

viernes, 24 de octubre de 2014

Sellar tu huella



 

Qué hermoso es contemplarte siempre
sonriendo con la mirada abierta,
desafiando tiempos y distancias
para sellarse en tu huella.

Qué feliz se viste el aire
si al cantar, tu voz se vuela
bordando aristas de silencio
con hebras de fina seda.

Qué verdes lucen tus ojos
entre sombras y tinieblas;
son fresca hiedra que trepa
brillando de sentimientos
la oscuridad de la piedra.

Llora el invierno tristemente
lágrimas de frío yertas,
que como perlas transparentes
serán gotas de rocío
sobre tu deliciosa hierba.

Y se espeja el alma cansada
de su pálida tristeza
al girar la rueda del amor
y sembrar con diáfana luz
los umbrales de su puerta.

Qué ardiente se navega el alma
tras consumirse su niebla
y tras secarse su lágrima
que resbalaba escondida
en la raíz de su tierra.

Qué alegre resulta verte
como azucena despierta,
saberte aroma encendido
aún sin ser la primavera
y llegarte, llegarte hondo
con la palabra desnuda
como una desnuda estrella.

*Andros.

lunes, 20 de octubre de 2014

El peso de los mitos



Esclavo de pecados capitales,
agitado en un río sin espejos,
he sentido la voz del abandono
en el cráter vacío de los ecos.

Por eso, inquilino de la niebla,
busqué tus manos entre mis adarves
en el sitio donde crecen los sueños
allá donde las lunas de marfil
cristalizan la piel de sus armiños.

En mi rostro brillaban las estrías
como si un látigo desgavillado
hubiera disparado su calima.

Y tu estabas allí como siempre
sin mirarte, asomada al cielo,
con el labio buscando la otra orilla,
muy feliz, dibujando escalofríos.

Ahora, repasando la memoria
esmaltada de blandos arambeles
nos sacude su aliento el viejo mito:

Somos cantos rodados oscilantes
sobre lechos de arenas movedizas.

*Andros