viernes, 17 de enero de 2014

El dífícil parto de un poema


Gota a gota se vierte la memoria
sobre la palidez de un pergamino
si acosada por fiebres de zarzales,
allá donde nacen los equívocos,
no germinan volutas de laurel.

En este mundo incólume a los gozos,
el ámbar que arrebata los instintos
es canto de las hiedras amarillas.

¿Qué importan los remotos horizontes,
los latidos ardientes de los lirios
o el vértigo del párpado caído,
si el cordón umbilical de los sueños
derrama la voz de su soledad
sobre la yerma tierra de los astros?

Nada brilla en el fondo de las sienes
como una caracola de cristal
buscando la sonrisa de sus ecos,
ni despliega sus alas la palabra
en el cauce delgado de la noche
sin la antorcha que viste las ojeras.

Todo es sosiego si al cruzar las horas
afloran los paisajes como espejos
en el pozo secreto de las luces,
porque ya sin temor a los eclipses
enarbola su léxico cautivo
el rostro cavernario del amor.

Con los candados abiertos, sin miedo,
un venero de lunas y gorjeos
alumbra su distócica eclosión
sin el llanto de viejas cicatrices.

Es tiempo de nubes y de pájaros
con zapatos calzados de poemas.

*Andros

















































No hay comentarios:

Publicar un comentario